Prólogo

Monstruos y pronombres posesivos
¡He creado un monstruo! Este es el modo de empezar este prólogo, sin duda, pero la frase ha de leerse con entusiasmo, no como si rondasen remordimientos o temores por la cabeza de quien la ha escrito. Es más, si es posible, conviene añadir una risa maníaca al final.
¡He creado un monstruo!, demonios, ¡he creado un monstruo! Porque, en cierto modo, este libro que sostenéis entre vuestras manos es una creación mía. Indirecta, pero mía.
Todo empezó con una calabaza y un relato. Sí, como si de una semilla metafórica se tratase, la génesis de esta antología tenía que tener menos de 5000 palabras. No son pocas, pensará alguno... alguno que no sea Nachob, claro. Este es el primer ingrediente secreto que ha hecho que este maquiavélico plan funcionara: a Nachob le das una idea (ni siquiera hace falta que sea original; casi es mejor, de hecho que no lo sea), apenas una chispa, y ya tienes un incendio. Pero no porque le guste meter relleno en sus historias, sino porque estas son, en su mente, una cadena en la que no paran de engarzarse eslabones: cada acción tiene sus consecuencias, y estas pueden ser tan apasionantes como la idea primigenia; cada personaje tiene un trasfondo, y cada trasfondo se imbrica con tantos otros. ¿Veis cuántas combinaciones existen para crear un tapiz inextricable que se extiende como una brea maligna?
Yo solo puse un tema. Y era muy genérico. Hablo, por si tenéis curiosidad, de Calabazas en el Trastero: Tijeras.
Nachob puso varios miles de palabras más de la cuenta. Dio a luz Casa ocupada.
La primera versión doblaba ya el límite orientativo de la convocatoria, pero, aun así, me preguntó si creía que podía entrar en la antología. Yo le dije que, si quería, lo intentara, que ya decidirían los jueces, pero que sería mucho mejor que, en vez de podarla, la dejara florecer y la convirtiera en una novela corta. Era una proposición que no podría rechazar. No él. Y, obviamente, no la rechazo.
El resultado es, probablemente, la mejor historia de casas encantadas que haya leído de un autor nacional. Es inquietante, siniestra, grotesca, excesiva y fascinante. En sus habitaciones encontramos ternura, odio, asco, claustrofobia y, por supuesto, terror. Las tijeras quedan sepultadas por una maldición primigenia y abisal infinitamente más interesante que la idea de partida.
Como me encantan las novelas cortas, le sugerí que nos la mandara a Saco de huesos para que, si mis socios estaban de acuerdo, la publicásemos en la línea A sangre. Pero, por supuesto, las cosas no iban a ser tan sencillas. Nachob necesita dar varios puntos de vista. Pedirle que presente una obra en solitario va en contra de algo asentado profundamente en su interior (algo tentacular y viscoso que se alimenta de los quebraderos de cabeza de quienes osan publicarle). Por ello mentiría si dijera que me sorprendió cuando, meses después, me presentó la versión “definitiva” de Casa ocupada acompañada de dos novelas cortas más: La ciudad inhabitada y El hombre que soñaba con mariposas. No conocía ninguna de las dos y me resultaron igualmente fascinantes. Quizás con la segunda tenía más dudas en cuanto a temática, ya que bascula, poco a poco, hacia la ciencia ficción, algo también muy propio del autor, pero me dije que, en efecto, creaban un buen triángulo. Un libro con tres novelas cortas, además, resulta más sólido para algunos lectores. Sin más, pasó al comité de lectura.
Y siguió mutando, y creciendo.
Pedro Escudero, el siguiente en leerlo, se mostró de inmediato entusiasmado y, es innegable, contagiado del espíritu de Nachob. Quería publicarlo, sí, por supuesto, pero también incluir una serie de relatos breves que ya conocía del autor y que, según sus propias palabras, “permitirían al lector descubrir el auténtico sabor Nachob”. Tenía miedo de que tres novelas cortas no mostrasen todos los matices que es capaz de abordar este. De ahí viene la media docena de relatos que articula las tres novelas cortas, que son buenas muestras del género fosco: historias policíacas, de novela negra, de fantasía gore, de rituales arcanos, de melancólico realismo... Un mosaico lleno de tonalidades de gris.
El monstruo seguía creciendo, ¡había alcanzado más de diez veces su tamaño inicial recomendado!, y estaba dispuesto a meterse en mí.
Y yo, por supuesto, estaba encantado con la perspectiva.
He creado un monstruo. Antes era un tipo que soñaba con historias. Ahora hace llorar a los lectores, les pone el corazón en un puño, les lía la cabeza con mundos que no existen, les hace cuestionarse los cimientos del nuestro.
He creado un monstruo. Uno que cuenta historias. Y os aguarda al otro lado de este prólogo.
Espero que lo disfrutéis tanto como nosotros.
Y, también, que la criatura tentacular que esconde en su interior me deje dormir un par de días. O me invite a unas cervezas.
Juan Ángel Laguna Edroso
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Portada del libro, realizada por el ilustrador Tiboo
http://www.tiboo.es/

2 comentarios:

  1. Hola José Ignacio,
    la portada es extraordinaria.
    Me ha gustado mucho.
    Te deseo éxito con esta obra.
    Saludos.

  2. Gharghi dijo...

    Una curiosidad para empezar: empezando a leer el primer cuento sonaba "I'm in love with my car". Conexión diría que mística o... llámalo X.
    Me ha encantado la lectura de las distintas historias y supongo que "Ocho esferas plateadas" quedó fuera de "Arañas" por su longitud, ¿o no?.
    Noto cierta influencia de Heinlein y una evidente Matriz ha influenciado en parte el último cuento; que por otro lado se resuelve de forma muy original y... esperanzadora: ojalá sea ese el futuro que nos aguarda.

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